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viernes, 27 de abril de 2018

Salmo 72 La Misteriosa Prosperidad de los Impíos



Narrado por: Jorge Clavellina


Versión: Monseñor Straubinger



Salmo de Asaf

1. ¡Cuán bueno es Dios para Israel, el Señor para los que son rectos de corazón!

2. Pero mis pies casi resbalaron, cerca estuve de dar un mal paso,

3. porque envidiaba a los jactanciosos al observar la prosperidad de los pecadores:

4. no hay para ellos tribulaciones su cuerpo está sano y robusto;

5. no conocen las inquietudes de los mortales, ni son golpeados como los demás hombres;

6. por eso la soberbia los envuelve como un collar, y la violencia los cubre como un manto;

7. de su craso corazón desborda su iniquidad, desfocan los caprichos de su ánimo.

8. Zahieren y hablan con malignidad y altivamente amenazan con su opresión.

9. Su boca se abre contra el cielo, y su lengua se pasea por toda la tierra.

10. Así el pueblo se vuelve hacia ellos y encuentra sus días plenos.

11. Y dice: "¿Acaso lo sabe Dios?, ¿Tiene conocimiento el altísimo?".

12. Ved cómo tales impíos están siempre tranquilos y aumentan su poder.

13. Luego, en vano he guardado puro mi corazón y lavado mis manos en señal de inocencia,

14. pues padezco flagelos todo el tiempo y soy atormentado cada día.

15. Si yo dijere: "Hablaré como ellos", renegaría del linaje de tus hijos.

16. Me puse, pues, a reflexionar para comprender esto; pero me pareció demasiado difícil para mí.

17. Hasta que penetré en los santos arcanos de Dios, y consideré la suerte final de aquellos hombres.

18. En verdad Tú los pones en un camino resbaladizo y los dejas precipitarse en la ruina.

19. ¡Cómo se deslizaron de golpe! Son arrebatados, consumidos por el terror,

20. son como quien despierta de un sueño; así Tú, Señor al despertar despreciarás su ficción.

21. Cuando, pues, exasperaba mi mente y se torturaban mis entrañas,

22. era yo un estúpido que no entendía; fuí delante de Ti como un jumento.

23. Mas yo estaré contigo siempre, Tú me has tomado de la mano derecha.

24. Por tu consejo me conducirás, y al fin me recibirás en la gloria.
 

25. ¿Quién hay para mí en el cielo sino Tú? Y si contigo estoy ¿qué podrá deleitarme en la tierra?

26. La carne y el corazón mío desfallecen, la roca de mi corazón es Dios, herencia mía para siempre.

27. Pues he aquí que cuantos de Ti se apartan perecerán; Tú destruyes a todos los que se prostituyen, alejándose de Ti.

28. Mas para mí la dicha consiste en estar unido a Dios. He puesto en el Señor Dios mi refugio para proclamar todas tus obras en las puertas de la hija de Sión.

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