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viernes, 21 de julio de 2017

St. Victor of Marseille - San Víctor de Marsella


ENGLISH:
July 21st, St. Victor of Marseille, martyr.
Shortly after having ordered to slaughter all the Tebea legion, Emperor Maximianus went to Marseilles, where there was a numerous and flourishing church. On his arrival all the faithful of the city trembled for his life and prepared for martyrdom. During this general consternation a Christian officer, called Victor, went every night from house to house to visit his brothers in Jesus Christ to exhort them to contempt of death, and to inspire them with the desire of eternal life. Having been caught up in a deed so worthy of a soldier of Christ, he was brought before the court of Prefect Asterius and Eutychius, who represented him in danger, and how foolish he was of exposing himself to lose the fruit of his services and the favor of Prince, for wanting to worship a dead man.
Victor answered that he renounced all the advantages that he could not enjoy except by renouncing Jesus Christ, the eternal Son of God, who had deigned to become a man and who had risen from death. Such an answer excited furious cries of indignation, but as the prisoner was an illustrious person, they sent him to Emperor Maximianus, who, to twist Victor's constancy, bound him by hand and had him roamed through all the streets of the city , Thus exposing him to the insults of the populace. On the return of this public scorn, they presented everything covered with blood to the prefects, and Asterius commanded that they spread it on the easel, where the tormentors tormented him by long space. He was then locked up in a dreary prison, where the Lord visited him at midnight by the ministry of his angels. The prison was filled with admirable clarity. The holy martyr sang with the heavenly spirits the praises of the Lord. Three soldiers in charge of guarding him were so astonished of what happened, that throwing themselves at the feet of Victor, they asked for pardon and the grace of the baptism. They were called Longinus, Alexander and Felicianus, who were baptized that day, and Victor served as godfather. The next day the emperor learned all this, and in a cholera he carried the four saints into the public square, where they were loaded with insults by the unholy plebs and cut off the heads of the three sentinels. Three days later the Emperor called Victor again to his court and ordered him to worship a statue of Jupiter placed on an altar, but Victor, full of faith in Jesus Christ, kicked the altar, and knocked him down with the broken idol. The tyrant, in order to avenge his gods, had his foot cut off and then ordered to be put under the wheel of a mill. And when, on the first turn, the mill broke down, they took the saint away and cut off his head. His body, along with the corpses of Longinus, Alexander and Felicianus, were thrown into the sea, but the Christians found them on the shore and gave them honorable burial.
St. Victor showed himself very worthy of his name, for he was an illustrious and glorious conqueror of all the powers of earth and hell. For this reason he triumphs now in paradise with all the holy martyrs whom he encouraged to attain victory also from tyrants and torments. Let us also do works worthy of the name that we bear, imitating the virtues of the saint whose name they put us in baptism, so that, as we now honor with his name, let us participate after his eternal reward.

Prayer: O God, grant us the grace to celebrate the birth to heaven of the glorious martyrs Victor and his companions, grant us also the grace to enjoy your eternal bliss in his holy company. Through Jesus Christ, our Lord. Amen.

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ESPAÑOL:
 21 de julio, San Víctor de Marsella, martir.
Al poco tiempo de haber mandado degollar a toda la legión Tebea, fue el emperador Maximiano a Marsella, donde había una iglesia numerosa y floreciente. A su llegada temblaron por su vida todos los fieles de la ciudad y se prepararon para el martirio. Durante esta general consternación un oficial cristiano, llamado Víctor, iba todas las noches de casa en casa a visitar a sus hermanos en Jesucristo para exhortarles al desprecio de la muerte, e inspirarles el deseo de la vida eterna. Habiendo sido sorprendido en una acción tan digna de un soldado de Cristo, fue conducido al tribunal de los prefectos Asterio y Eutiquio, que le representaron el peligro que corría, y cuan loco era de exponerse a perder el fruto de sus servicios y el favor del príncipe, por querer adorar a un hombre muerto. Contestó Víctor que renunciaba a todas las ventajas que no podía gozar sino renunciando a Jesucristo, Hijo eterno de Dios, que se había dignado hacerse hombre y que había resucitado después de muerto. Semejante respuesta excitó furiosos gritos de indignación, pero como el prisionero era persona ilustre, lo enviaron al emperador Maximiano, el cual, para torcer la constancia de Víctor lo hizo atar de pies y manos y mandó que lo paseasen por todas las calles de la ciudad, exponiéndolo así a los insultos del populacho. A la vuelta de este público desprecio, lo presentaron todo cubierto de sangre a los prefectos, y Asterio mandó que lo extendiesen sobre el caballete, donde los verdugos le atormentaron por largo espacio. Lo encerraron después en una lóbrega prisión, en la cual, a medianoche, lo visitó el Señor por el ministerio de sus ángeles. La cárcel se llenó de admirable claridad. El santo mártir cantaba con los espíritus celestiales las alabanzas del Señor. Tres soldados encargados de custodiarlo quedaron tan asombrados de lo que pasaba, que arrojándose a los pies de Víctor, le pidieron perdón y la gracia del bautismo. Se llamaban Longinos, Alejandro y Feliciano, los cuales fueron bautizados aquel día, y Víctor les sirvió de padrino. Al día siguiente, supo todo esto el emperador, y montado en cólera hizo trasladar los cuatro santos a la plaza pública, donde fueron cargados de injurias por la plebe soez y cortadas las cabezas de los tres centinelas. Tres días después llamó de nuevo el emperador a Víctor a su tribunal y le mandó adorar una estatua de Júpiter puesta sobre un altar, pero Víctor, lleno de fe en Jesucristo, dio un puntapié al altar, y lo derribó juntamente con el ídolo hecho pedazos. El tirano, para vengar a sus dioses, le hizo cortar el pie ordenando luego que metiesen al mártir debajo de la rueda de un molino. Y como a la primera vuelta el molino se descompusiese, sacaron de allí al santo y le cortaron la cabeza. Su cuerpo, junto con los cadáveres de Longinos, Alejandro y Feliciano, fueron arrojados al mar, pero los cristianos los encontraron sobre la orilla y les dieron honrosa sepultura.
Se mostró san Víctor muy digno de su nombre, porque fue ilustre y glorioso vencedor de todos los poderes de la tierra y del infierno. Por esta causa triunfa ahora en el paraíso con todos los santos mártires a quienes animó a alcanzar también victoria de los tiranos y tormentos. Hagamos asimismo nosotros obras dignas del nombre que llevamos, imitando las virtudes del santo cuyo nombre nos pusieron en el bautismo, para que, así como ahora nos honramos con su nombre, participemos después de su eterna recompensa.


Oración: Oh Dios, que nos concedes la gracia de celebrar el nacimiento para el cielo de los gloriosos mártires Víctor y sus compañeros, concédenos también la de gozar de tu eterna bienaventuranza en su santa compañía. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

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