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domingo, 8 de mayo de 2016

San Gregorio Nacianceno



9 de Mayo, Festividad de San Gregorio Nacianceno, Obispo, Confesor y Doctor.

Es San Gregorio de Nacianzo uno de los grandes padres de la Iglesia, espíritu de elevada cultura, brillante y bondadoso, que no sabe vivir sino de la contemplación y de un trato reposado con el Señor. Teólogo a la vez hábil, orador y poeta, lleva consigo la fuerza de la verdad cristiana, que se abre, arrebatadora, armonizando en su palabra y en sus escritos todo el legado del saber antiguo con los principios del Evangelio y de la Sagrada Escritura.

Nace hacia el año 329 en el pueblecito de Ariance, junto a Nacianzo, pequeña villa al sudeste de Capadocia, y ya de niño es consagrado a Dios por su piadosa madre Nonna. Era hijo, a su vez, de Gregorio, obispo de Nacianzo, a quien Nonna había convertido, haciéndole pasar de la secta de los ipsistarios, un conglomerado de ideas pagano-judío-cristianas, así llamada porque adoraban a Júpiter ipsistos o altísimo, y que había pasado en su conversión a ocupar la silla episcopal de la ciudad.

El pequeño Gregorio crece bajo los cuidados solícitos de su madre, que le va infiltrando suavemente la doctrina del Evangelio, y, ya en edad de tomar estudios, frecuenta la escuela de Cesarea de Capadocia, más tarde la de Alejandría y por fin la renombrada de Atenas, donde se va a encontrar con un condiscípulo, también de extraordinaria vida y sabiduría, con quien va a iniciar una amistad, dulce y delicada, que se iba a extender por toda su vida. Era Basilio, que también había nacido en Capadocia y que, junto con su hermano San Gregorio Niseno y nuestro Santo, el Nacianceno, iban a ser como tres grandes astros de la Iglesia oriental, distinguiéndose el primero por la prudencia de su gobierno y de su acción, el segundo por la fuerza de su pensamiento y el tercero, el de la pequeña aldea de Ariance, por la maestría que había de demostrar por medio de su pluma y de su palabra.

San Gregorio Nazianzeno, llamado por excelencia el Teólogo, fue natural de Nazianzo, ciudad de Capadocia. Su padre fue obispo de su misma ciudad, su hermano fue san Cesáreo, y su hermana santa Gorgonia. Estudió la elocuencia y filosofía en Atenas, donde trabó tal amistad con san Basilio, condiscípulo suyo, que parecían los dos un alma y un corazón. Mas no quiso acompañarse jamás con Juliano el Apóstata, que había venido a aquella universidad al estudio de las buenas letras, porque desde entonces adivinó cuán pernicioso había de ser a toda la república si Dios le daba el cetro de ella. Después de haber enseñado elocuencia con grande loa, se retiró con su amigo Basilio al desierto del Ponto, donde los dos vivían como ángeles; mas al fin dejaron su amada soledad para defender la religión católica; y Gregorio procuró que eligiesen a Basilio por obispo de Cesárea. Pasando a Constantinopla, empleó todo su gran caudal de sabiduría en la conversión de los herejes, los cuales trataron muchas veces de darle la muerte. Mas al fin venció la causa de Dios, refloreció la fe y Gregorio fue nombrado arzobispo de Constantinopla con aplauso del emperador de Oriente, el gran Teodusio, español, el cual le dio el templo patriarcal que poseían aún los herejes. Todo el favor que el emperador hacía a san Gregorio era tósigo para los herejes; los cuales determinaron acabarle, y para salir con su intento se concertaron con un mozo hereje como ellos, que entrase a visitar al santo que a la sazón estaba enfermo y hallase ocasión de cometer la maldad. Lo hizo así, mas cuando se vio en el aposento del santo, al tiempo que le podía herir, se echó a sus pies pidiéndole perdón con muchos sollozos y lágrimas; y como san Gregorio le preguntase qué quería, uno de los que estaban presentes le dijo: "Este mozo, padre, ha entrado aquí inducido por los herejes para matarte, y ahora arrepentido llora su pecado". Entonces el santo abrazando al mozo le dijo: "Dios te perdone y te guarde como a mí me ha guardado; deja pues, hijo mío, la herejía, y sirve al Señor con sincero corazón". Viendo después muy turbada aquella iglesia por los bandos y herejías pidió licencia al emperador para renunciar a su dignidad arzobispal, y volviendo a su patria se retiró a una heredad de sus padres; donde cargado de años y dolores escribió en prosa y en verso algunas obras de rara elegancia. Finalmente habiendo este glorioso doctor ilustrado la Iglesia con su vida, doctrina y escritos, a los noventa años de su edad fue a recibir el galardón de sus largos y dichosos trabajos.

En Atenas junto a su hermano, ambos conocen a un joven de ideas desvariadas, perteneciente a la familia del emperador y que pronto había de hacerse tristemente célebre con el nombre de Juliano el Apóstata. Ambos van juntos a las escuelas, y, como nos dice el mismo San Gregorio en la hermosísima oración fúnebre que pronunció en memoria de su amigo, a ambos les guiaba la misma ilusión de la doctrina y de la verdad; cada uno tomaba la gloria de su amigo como propia, y los dos se entregaban juntos al estudio, abandonando todo aquello que sonara a fiestas, espectáculos, convites y diversiones.

San Gregorio Nacianceno rechaza el concepto del ‘bautismo de deseo’


Tomado del libro: Fuera de la Iglesia Católica No Hay Absolutamente Ninguna Salvación
 
SAN GREGORIO NACIANCENO (329-389)
San Gregorio Nacianceno contra el bautismo de deseo

Es apropiado también examinar las enseñanzas de algunos de los otros Padres. San Gregorio Nacianceno es uno de los cuatro grandes Doctores orientales de la Iglesia católica. Él rechazó explícitamente el concepto de bautismo de deseo.

San Gregorio Nacianceno, 381 d.C.: “De todos los que no han sido bautizados algunos son completamente animales y bestiales, según si sean necios o malvados. A esto, pienso, debe añadírseles sus otros pecados, que ellos no tienen ninguna reverencia por este don, sino que lo consideran como cualquier otro don, para aceptarlo si se les da, o abandonado si no se les da. Otros conocen y honran el don; pero demoran, algunos por descuido, algunos por el deseo insaciable. Sin embargo otros no pueden recibirlo, posiblemente por causa de la infancia, o alguna circunstancia perfectamente involuntaria que les impide recibir el don, incluso si lo desean…
“Si sois capaz de juzgar a un hombre que tiene la intención de cometer un asesinato, tan sólo en su intención y sin ningún acto de asesinato, entonces también podéis considerar como bautizado a quien deseó el bautismo, sin haber recibido el bautismo. Pero, ya que no podéis hacer lo primero, ¿cómo podéis hacer esto último? Yo no veo cómo. Si os parece, digámoslo de esta manera: si en vuestra opinión el deseo tiene el mismo poder que el bautismo real, entonces haced el mismo juicio con respecto a la gloria. Entonces os podéis contentar con anhelar la gloria, como si ese mismo anhelo fuese la gloria. ¿Sufrís algún daño por no alcanzar la gloria real, con tal que tengáis un deseo de ella?”[1].

¡Esto en cuanto a la afirmación de que “los Padres son unánimes” a favor del bautismo de deseo!

Cuando los sacerdotes de la FSSPX aseveran públicamente esto, ellos están diciendo exactamente lo opuesto a la verdad y mienten descaradamente. Y lo que hace que esta mentira sea mucho más increíble, es el hecho de que ¡la FSSPX cita la declaración anterior de San Gregorio en las páginas 64-65 de su libro, ¿Es el Feeneyismo Católico?!

Esto es lo que la liturgia dice sobre la enseñanza del gran San Gregorio Nacianceno, quien claramente rechazó el bautismo el de deseo. En el Breviario Romano, una lección para la fiesta de San Gregorio Nacianceno (el 9 de mayo) declara:

Breviario Romano, 9 de mayo: “Él [San Gregorio] escribió mucho, tanto en prosa como en verso, con una admirable piedad y elocuencia. En la opinión de hombres sabios y los santos, no se encuentra nada en sus escritos que no sea conforme a la verdadera piedad y fe católica, ni que alguno pudiere razonablemente poner en duda”[2].

Este hecho, bastante significativo, refuta totalmente a los defensores el bautismo de deseo/sangre que argumentan que la enseñanza del Breviario prueba que los hombres pueden salvarse sin el bautismo (lo cual vimos que no es cierto). San Gregorio Nacianceno rechazó claramente el bautismo de deseo (véase arriba), ¡y el Breviario dice aquí que no hay nada en sus escritos que no esté conforme a la religión católica o que se pueda poner en duda! Por consiguiente, si aceptamos que la enseñanza del Breviario sea infalible sobre materias teológicas, entonces tendríamos que rechazar el bautismo de deseo. Como dice el defensor del bautismo de deseo Juan Daly: “Y, por supuesto, los teólogos consideran imposible que haya error teológico en el Breviario…” (2 de septiembre de 2006). Parece que este defensor del bautismo de deseo tendrá que rechazar el bautismo de deseo o revisar sus argumentos (espero lo primero). En realidad, San Gregorio fue el único Doctor en toda la historia de la Iglesia que tiene por sobrenombre “el teólogo”.

El famoso Abad Benedictino Dom Prospero Guéranger: “Es Gregorio [Nacianceno] (…) el único de todos los Gregorios que ha merecido y recibido el glorioso nombre de Teólogo, debido a la solidez de sus enseñanzas, la sublimidad de sus ideas, y la magnificencia de su dicción”[3].

Esto en cuanto a la mentira de que “los teólogos” son unánimes a favor del bautismo de deseo. ¡El único Doctor en la historia de la Iglesia apellidado “el teólogo”, lo rechazó explícitamente!

Leer otros capítulos y objeciones del libro completo aquí

Notas:
[1] Jurgens, The Faith of the Early Fathers, vol. 2: 1012.
[2] Dom Prosper Gueranger, The Liturgical Year, Fitzwilliam, NH: Loreto Publications, 2000, vol. 8, p. 478.
[3] Dom Prosper Gueranger, The Liturgical Year, vol. 8, p. 475.


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